Nuestros Comienzos: Entrevista a Diego Javier Martínez

 ¿Quién  soy yo?

Mi nombre es Diego Javier Martínez, soy papa de Florencia, que sin duda es lo mejor que se me paso en la vida, hoy soy el director de Vuelabienalto.

Formación:

  • Máster en Programación Neuro Lingüística (Society PNL)
  • Coach Ontológico Profesional
  • Especialista en Liderazgo transformacional
  • Capacitador en emprendurísmo
  • Autor conferencista de hijos conectados padres desconectados, próximamente disponible en un libro.

Todo comenzó con mi necesidad de encontrarme conmigo mismo, después de haber atravesado varias crisis, una de las más transcendentes tuvo lugar luego de mi formación periodística, soy ex jefe de redacción del diario Formosa en Formosa, donde llegué a los 29 años y renuncié a los 30.

No por mandato de la empresa sino por una decisión personal. Cuando el país estaba conmocionado, fuí a Paraguay con la idea de ejercer la profesión allá. Ante el cambio de perspectivas, dejé mi profesión y me dedique a la venta entre otras cosas y en ese trayecto descubrí la importancia de la autoeducación, no podía esperar a que alguien me enseñara, sino buscar los materiales e informarme de lo que consideraba importante. Así me formé en ventas, marketing, emprendurísmo, lo que me llevó a desarrollar la escuela y posicionarla en un lugar en donde quizás nunca habíamos pensado estar, pero confiamos en que seguiremos creciendo.

Yo descubrí que mi propósito en la vida es abrir posibilidades en las personas donde ellos no las ven. O sea, todos tenemos un marco infinito de posibilidades en la vida, pero como venimos estructurados desde la educación en las casas hasta el sistema tradicional educativo, nosotros creemos que tenemos un techo cuando los seres humanos somos seres ilimitados con una capacidad de resilencia constante.

Entonces, también mi experiencia me motivó, ya que a los 40 años, como consecuencia de haber tomado malas decisiones terminé durmiendo en la calle, enojado con la vida y con todos, sin darme cuenta que los demás no tenían la culpa, yo era el responsable, así comencé un proceso de transformación cuando a los 37 años acepté a Jesús en mi vida y fuí aprendiendo a ver las cosas importantes en la vida e ir tras el reconocimiento, dicho sea de paso que me llevó a perderlo todo.

En medio de este proceso, arranco en el 2014 el proyecto llamado La Academia  de emprendedores del Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, en modo de anécdota, me llegó la información el ultimo día de inscripción que era on line, cerraba a las doce de la noche y yo me enteré a las una y media de la mañana por lo tanto ya estaban cerradas. Pero como dicen “el que busca encuentra”, me fui organismo por organismo al día siguiente para saber dónde estaba la dichosa oficina de emprendedores, recorrí todas las oficinas porque cuentan con muchas dependencias hasta encontrarme con que se trataba de un sistema y no me quede con eso seguí buscando.

Luego de haber comenzado, una conocida me comentó que a la primer clase faltaron más de la mitad y tenía la oportunidad de ir a la segunda y así comencé ese trayecto y ya tenía en claro la visión, había editado un audio libro de desarrollo personal y ya entrenaba y motivaba a las personas en grupos de autoayuda y mi instructora fue muy sabia y me hizo conocer el coaching. En ese momento buscábamos armar la plataforma digital para los proyectos y así nace Vuelabienalto como un emprendimiento, como un  sitio de desarrollo personal, para motivar a las personas. Presentamos la misión y la visión de la escuela como una oportunidad para motivar a las personas y sacar lo mejor de ellas, abrirles nuevas oportunidades, hacerles ver eso que no estaban viendo y que puedan usar sus talentos a la hora de emprender.

Así descubrí la importancia de que cada uno encuentre su propósito y comenzamos a trabajar para alinear ese propósito al emprendimiento.

Uno de los primeros casos que tuve fue de una chica que trabajaba haciendo pochoclos o pororó dulce para cumpleaños, pero en realidad ella tenía otro propósito porque le gustaba hablar con señas y empezamos a trabajar todas esas primeras clases con ella y terminó estudiando lenguaje de señas y terminó trabajando en una fundación ayudando a las personas en ese ámbito. Y esto confirmaba la visión que yo tenía y lo que Dios ya me venía hablando y así di mis primeros talleres.

Me levanté el 1º de enero del 2015 sin una moneda, estando en juna situación muy difícil económicamente hablando, en ese momento contaba con un  trabajo fijo los fines de semana, los domingos trabajaba en un ciber, donde pasaba más de 12 horas sentado y ahí llegué a preguntarme ¿Qué hago acá?, sabía que mi capacidad daba para mucho mas. En ese momento hice un pacto con Dios, le dije:

-Vos dame 10 personas que yo le voy  a enseñar de cero a hacer sus negocios hasta que lo pongan en marcha, les voy a dar todo y vos me vas a dar los recursos necesarios para que yo me reciba.

seguido a este compromiso con Dios me recibí y me acerqué más a Dios, los talleres los daba justamente en la iglesia y así avancé hasta que surgió la posibilidad de estudiar coaching on line y después de cuatro meses no avanzaba más de lo que ya conocía por lo que busqué una escuela que fuera presencial y así encontré Cocrear donde certifiqué. Desde que comencé ya tenía el objetivo bien claro que siempre fue llegar a las personas encontrar su objetivo, descubrir sus talentos y capacidades.

Después de certificar comencé de inmediato con mis primeros talleres con gente amiga, las que habían acompañado mi proceso, es decir, vieron la transformación que yo había pasado entonces querían lo mismo. Así tuve mis primeros coachees y pude seguir avanzando. Me fui a todas las capacitaciones que pude y entré en un concurso, tuve el privilegio de conocer el edificio de Google arg.

Llegué a la conclusión de que hay un cambio que se está gestando a nivel mundial, el cual está dejando a mucha gente fuera del mercado laboral, es por esta razón que a nosotros nos favorece la crisis porque tenemos más oportunidades de seguir creciendo. Porque estamos determinados para motivar a las personas para que vean eso que no ven, que puedan generar esos cambios de pensamiento y estructuras mentales de una forma mucho más veloz y acercarlas a las nuevas generaciones.

La escuela se caracteriza por el servicio y el voluntariado, esta es una regla principal. Cuando cursaba el segundo año en la academia, escuche hablar de las empresas de capital consiente, Julián Weich tenía una empresa de aguas de mesa llamada “agua a conciencia” perteneciente a Manaos en cuyo paquete especifica que el 50% de su valor va al hospital Garrahan y a la Fundación Sí, que se encarga de repartir ropas y mantas a personas en situación de calle y después de una conferencia que dio, comencé a investigar y no encontraba nada, así que lo contacté por su cuenta de twitter pidiendo información o algún material que me sirviera como base, y para mi sorpresa ocho días después recibí una llamada suya. En ese momento me preguntó cuál era mi proyecto que consiste en ingresar al ministerio de educación, trabajar con niños y adolescentes (Primaria y Secundaria), también presentar la propuesta en el patronato de liberados de Buenos Aires, para facilitar la inserción a la sociedad de los liberados. Al principio todas las puertas se cerraban en donde presentaba el proyecto.

En respuesta a esto, Julián me comentaba que era el embajador de Unicef en Argentina, y le sorprendió la forma de presentar la escuela, como emprendimiento, es decir, como algo sostenible. Su consejo fue que ofreciera cupos, capacitaciones gratis a modo de servicio.

Desde ese momento, por cada tres capacitaciones pagas que daba lanzaba una gratis, basado en la ley de la siembra y la cosecha, “Si sembrás, vas a cosechar”. Llegó un momento en el que eran más las charlas gratis que las pagas, pero eso no me detuvo, seguí avanzando confiando en esta promesa. A su vez, estas charlas me sirvieron como estrategia de marketing profesional, para darme a conocer, adquirir nuevas vivencias, de4sarrollar mis habilidades de comunicador y por sobretodo aprender.

Esto me permitió dar mis primeros pasos, hasta lanzar la escuela en Posadas y extenderla a Leandro N. Alem, Encarnación y Buenos Aires.

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